Empezó septiembre, y ya estamos a menos de 100 días de las Presidenciales. Pareciera que esta es una carrera corrida, para unos, y la crónica de una muerte anunciada, para otros.
La Concertación avanza, no con menos dificultades, en acuerdos con sus partidos, se afina el Comando Presidencial y las plantillas electorales parecen casi resueltas; mientras, la oposición aún deambula en busca de una estrategia para lograr revertir una derrota casi segura y por goleada, según algunos, a este paso la alianza se deberá llamar próximamente “Ni separados podemos”. Mientras el “ex” Samurai, cree que por primera vez cuenta, con el Pase Regio o exequátur del ala dura de la alianza, como compensación por su incondicionalidad en los momentos difíciles, luchando por mantener neutralidad en la presidencial en búsqueda de un blindaje abortado muy temprano por su propio partido. Pareciera que en este proceso, la derecha renunció por fin, a la obsesión de perseguir al Presidente. Definitivamente, ese sistema no les dio los frutos esperados durante seis años, era una mala idea y en vez de sumar siempre restaron.
Las huestes de la derecha miran desde lejos la opción concertacionista, y el desarrollo de los hechos nos indican que la competencia en el sector es por las parlamentarias, serán ellas las que determinarán el poder más o menos relevante que alcancen concluidas estas elecciones. En definitiva su grado de influencia en la Alianza, y las posibilidades de reordenar y reagrupar fuerzas para la conducción de una oposición que no ha tenido rumbo durante el gobierno del Presidente Lagos y que ha trastabillado una y otra vez sin encontrar el camino, dependerá del número de senadores y diputados de cada partido y de su influencia en los territorios. Las apuestas parecen ser entonces quien llega segundo y lograr una segunda vuelta.
Las recriminaciones ni siquiera esperan los resultados electorales. Son hoy, y eso es lo que hace casi imposible el repunte de sus campañas, opera como un circulo vicioso o virtuoso, dirían otros. Lo cierto, es que este diseño en el que están atrapados, nuevamente, permite demostrar que la Concertación es la única coalición que ha otorgado y que puede garantizar en el futuro estabilidad política, económica y social a nuestro país. Hoy en día el grito de combate en la alianza es “Cada uno mata su toro”, van quedando atrás esos buenos tiempos en que sus candidatos sufrían por una foto con Lavín, de eso, sólo van quedando sombras y rumores, un que otro silbido, o su eco rebotando en el tiempo.
La campaña de Terror, que debería llamarse del humor, pues en realidad a esta altura de la nueva democracia son muy pocos los que pueden creer, cuando se utilizan argumentos y amenazas como los de la Franja de Si en el plebiscito del 88, hoy con otro disfraz. Pretender guiar la campaña a una discusión valórica difícilmente dará mejores frutos. La concertación no sólo ha dado, sino que ha sido testimonio desde sus orígenes de un profundo compromiso ético y valórico, especialmente con el derecho a la vida y a la dignidad de las personas. Antes la amenaza era la de las colas y que el marxismo venía hoy se trata del aborto y de las uniones homosexuales, la baraja se acorta y les quedan pocos naipes por jugar.
Empezó septiembre, el mes de la patria, de volantines y empanadas, de las inscripciones electorales. Un mes con tanta historia, tan contradictorias a veces, lleno de esperanzas, dolores y recuerdos. Empezó, con buenos tiempos, buenos vientos soplan en este septiembre. Ha comenzado la definitiva travesía a la Moneda, la posibilidad una vez más de emocionarnos y soñar que Chile puede más, que a Chile le debemos más. Cada uno a hacer lo que le toca, que esta cueca hay que bailarla en una sola vuelta.